Trata de CNOP – DECLARACION DE PRINCIPIOS

Declaración de Principios

En esta sección encontrarás los documentos en los cuales se basa la ideología y acción del Sector Popular del PRI.

La lucha política y social de México por la democracia y la justicia.

La Confederación Nacional de Organizaciones Populares se concibe a sí misma, ante todo, como un instrumento de la lucha política y social de los ciudadanos, que pretende servir a la propia sociedad para organizarse y pugnar por sus derechos y aspiraciones.

Desde su fundación, en 1943, la Confederación participa activamente en la vida nacional, aportando sus ideas en el desarrollo de México y promoviendo las demandas principales de los grupos populares, las clases medias y los sectores urbanos del país, a quienes abre vías para acceder a la más amplia representación política, contribuyendo con ello a que la sociedad organizada concurra eficazmente en la conducción y evaluación de la función pública y en las grandes tareas del Estado.

Para ello, la Confederación mantiene una permanente política de vinculación con otras fuerzas políticas y sociales que coinciden con sus principios y objetivos. En particular, refuerza día con día su alianza histórica con el Partido Revolucionario Institucional, sustentada en firmes bases y compromisos de carácter ideológico, estratégico y programático. Hacer cada día más fuerte esta plataforma partidaria, sobre la base de la vinculación con la sociedad, con un enfoque moderno, combativo y democrático, es nuestro compromiso.

La postura básica de la Confederación, tanto en su conformación interna como en sus alianzas partidarias y en sus relaciones con otras organizaciones sociales, ha consistido en promover invariablemente un frente integrado por las fuerzas más consecuentes y representativas en la defensa y promoción de la soberanía popular, la democracia y la justicia social.

Ésta es, en sí misma, una estrategia de asociación que se nutre de múltiples intereses y expresiones sociales, cada uno de los cuales desarrollan, en el marco general de los Principios y el Programa Común, las formas de organización y lucha que mejor convienen a sus reivindicaciones.

La Confederación es, así, una organización de organizaciones y una organización de militantes, pero también una organización de causas, que asume un papel activo en las contiendas políticas así como en el debate nacional, al mismo tiempo que mantiene un compromiso directo en la organización y defensa de los intereses de quienes la integran, y del conjunto de la sociedad, conforme a los fines y objetivos específicos que compartimos.

La Confederación sostiene que el fin esencial de esta gran alianza progresista es desarrollar, impulsar y vigorizar la democracia social, entendida como la lucha por asegurar el fundamento y contenido social de las políticas públicas, dando cauce a la energía y participación popular en la conducción de la sociedad misma.

Muchos pueblos fueron capaces de desarrollar imponentes organizaciones e instituciones enfocadas a la protección social, pero la experiencia demuestra que, además, es necesario construir mecanismos eficaces de control social del poder para evitar desviaciones en su ejercicio.

En la integración de la representación pública o en la definición de las políticas gubernamentales no se agota el interés social, sino que éste exige rendición de cuentas, transparencia y garantías de que los ciudadanos podrán vigilar cotidianamente el apego del Estado a la voluntad popular: ésta es la clave de la democracia social.

Por eso, la única palanca que puede dar sentido social integral a las políticas gubernamentales, así como legitimidad a la acción de los partidos y las organizaciones, es la democracia social.

El pueblo de México, tras seculares luchas, es inequívoco y categórico: entendemos por democracia al régimen donde se eleva permanentemente el nivel de vida material y cultural de la población. La democracia no es únicamente un ejercicio electivo formal, sino un régimen social cuyo objetivo es vivir mejor, más libres, más cultos, más seguros por la protección que nos brindan nuestras leyes e instituciones, con más recursos, con igualdad de oportunidades para el bienestar, con mayores apoyos a quienes más los necesitan.

De aquí nuestra convicción de que justicia y democracia son términos inseparables. Por ello postulamos y defendemos la democracia social, donde no hay democracia sin justicia ni justicia sin democracia, en un marco de legalidad, con la activa participación de los ciudadanos.

Es por ello también que fortalecer y preservar la soberanía del pueblo y de la Nación es la razón de ser de nuestra organización. A su amparo aseguramos las garantías básicas para que el país y los ciudadanos promuevan con su propio esfuerzo y voluntad un clima propicio de desarrollo y progreso.

El Estado de Derecho es la máxima expresión de esta soberanía popular. Defenderlo, ampliarlo y democratizarlo es una tarea central para evitar que la impunidad, la discrecionalidad o la imposición de los intereses particulares prevalezcan por encima de la Nación, los ciudadanos y las Leyes.

Ciudadanizar a los partidos y a las organizaciones sociales es la vía para promover la democracia social. Con este propósito, la Confederación seguirá avanzando para consolidarse como una organización de causas ciudadanas, comprometida en impulsar la lucha de los más variados grupos de la compleja sociedad mexicana, prestándoles apoyo e incorporándolos a la lucha general por la justicia y la democracia social.

Nuestra ideología socialdemócrata en acción.

La sociedad es cada vez más compleja y requiere de procesos permanentes de consenso para que los ciudadanos y sus múltiples intereses y organizaciones tengan asegurado el debido reconocimiento social y libertad.

Las garantías individuales y derechos sociales deben ser escrupulosamente respetados: la libertad de pensamiento, la libre manifestación de las ideas, las libertades de asociación, de tránsito y de actividad económica, así como el derecho a la salud, a la alimentación, a la educación, a la información, al trabajo y a la vivienda, son ejes fundamentales de la vida socioeconómica moderna, debiéndose consolidar y ampliar en un marco de justicia, legalidad y democracia.

México se organiza como una Federación a partir de la soberanía de los Estados y la conciencia colectiva de pertenecer a una sola Nación. Es una tarea urgente perfeccionar nuestra organización federal, combatiendo las tendencias del centralismo, unas de carácter político y otras inerciales, así como las desigualdades que genera la concentración de riqueza y oportunidades, la inequidad en el apoyo solidario y la ausencia de una visión estratégica de largo plazo para desarrollar armónicamente al país, aprovechando las posibilidades, riquezas naturales y condiciones particulares de los Estados y municipios.

Aisladamente, los Estados de la Federación y los municipios no podrán ser plenamente autónomos y exitosos en su gestión. Requieren de los recursos para mantener su infraestructura, crecer, desarrollarse y potenciar sus particularidades.

La propia Federación corre el mismo peligro si no logra reunir los recursos nacionales para desarrollar los aspectos básicos y estratégicos de largo plazo, la infraestructura general y los servicios que ayuden a todos y cada uno de los Estados a potenciar sus cualidades y mitigar sus retrasos.

Necesitamos planes estratégicos viables, no discursos abstractos sobre el federalismo, la soberanía de los estados y el municipio libre, asumiendo un gran acuerdo nacional que fije los parámetros requeridos y reconozca plenamente las dificultades y desigualdades, a efecto de priorizar el gasto federal para lograr una tarea esencial de dignidad, justicia, democracia y seguridad nacional, distribuyendo equitativamente en las regiones los servicios, el empleo y las oportunidades de trabajo e inversión.

No es posible que algunas regiones que concentran las potencialidades de recursos naturales para generar energéticos, por ejemplo, carezcan de luz y combustibles, o que sólo algunas ciudades de algunos Estados concentren y carguen el peso de la educación, salud, otros servicios y oportunidades de empleo, vivienda e inversión, desatendiendo a población que carece de estos elementos indispensables, porque en sus lugares de origen falta inversión y calidad en sus bienes o servicios.

En este mismo sentido, la división y el respeto entre los Poderes del Estado, en los términos de la Constitución Política, son un garante para que la sociedad tenga el equilibrio, la responsabilidad compartida de velar por los intereses de la Nación, el respeto a la soberanía e iniciativa popular, la rendición de cuentas, la aplicación de la justicia y la interpretación jurídica en caso de controversia.

Cuando hablamos de Nación, de Patria y de pueblo, los criterios económicos de eficiencia, ganancia y retorno de la inversión, al que nos somete el vertiginoso modo de vida globalizado, no pueden ser prioridad ni parámetro válido.

México no es un negocio o una sociedad anónima que demanda gerentes calculadores y eficientes a cualquier precio. Tampoco es un espacio geográfico con población y recursos disponibles al mejor postor para hacer ganancias a costa de la desigualdad y marginación, la postración y el atraso de regiones o la concentración absurda de recursos para satisfacer a los negociantes de lo inmediato y la máxima ganancia.

México es una Patria, con dignidad y conciencia histórica, con personalidad propia: es hogar común, origen y destino de más de cien millones de mexicanos, tanto los que viven dentro de sus fronteras como los que habitan fuera de ellas.

Precisamente por ello, la Confederación postula el principio de la rectoría estatal y de la inversión pública en las áreas estratégicas para México, que deben estar y están claramente estipuladas en la Constitución, y que por su naturaleza y trascendencia deben ser incuestionablemente nacionales.

Las empresas y empresarios, pequeños, medianos y grandes, que además de su legítimo interés procuran el desarrollo de México y de sus mercados, el bienestar de los trabajadores y la población, son parte del mismo proyecto histórico y, como tales, tienen cabida, voz y lugar en nuestra organización, trinchera de todos los mexicanos por un México mejor.

Pugnamos por un gran plan estratégico nacional, donde se establezcan acuerdos acerca de la manera de financiar y orientar el gasto de la Federación a aquellas regiones, sectores sociales y ramas productivas o de servicios que aseguren equidad, bienestar, seguridad, empleo, desarrollo científico y tecnológico, oportunidades, fortalecimiento del mercado interno y competitividad creciente.

Las clases medias, los grupos populares y los sectores urbanos del país han sido protagonistas de importantes luchas, que han contribuido a las libertades y a las instituciones y prácticas democráticas imperantes. Velar por su fortalecimiento y promover su unidad en la acción por la defensa de México es tarea permanente de la Confederación.

En la medida en que la Nación crece y se diversifica se crean nuevas actividades e intereses, así como profesiones y disciplinas técnicas, comerciales y de servicios. Surgen asociaciones de profesionistas, científicos y empresarios, así como organizaciones de defensa de los derechos humanos, del medio ambiente y de los más variados intereses sociales.

Respetar las diferencias de las organizaciones sociales existentes y de las que surjan por el propio desarrollo económico, político y social, asegurando su derecho a expresarse, organizarse y combatir por sus demandas, será la norma de trabajo para que nuestra Confederación construya una nueva red de fuerzas sociales capaces de hacer que la lucha política y social deje de ser ajena a los ciudadanos y a sus legítimos medios de expresión organizada.

Pugnamos por el fortalecimiento de la formación cívica, entendida como la actitud de compromiso personal con la legalidad, con los derechos de los demás y con el amor por México.

Mantenemos un nacionalismo profundo, porque estamos orgullosos de nuestra forma de ser y apreciar la vida, de nuestra cultura, de nuestra soberanía y de nuestras conquistas. Asimismo, el atraso, la pobreza y la falta de oportunidades son un estímulo para profundizar nuestro compromiso por un México mejor.

Nuestro nacionalismo es fruto de una lucha permanente por afirmar la identidad y el proyecto soberanos de México, no para dominar o sojuzgar a otros pueblos. Nuestro nacionalismo es para honrar y enriquecer a la humanidad con nuestro propio acento.

México es un mosaico gigantesco de pueblos y paisajes; surge y se desarrolla en un constante mestizaje y en permanente adopción de los avances de la humanidad.

Preservar la cultura milenaria que hemos heredado, para seguir nutriendo a la nacionalidad mexicana, empieza por respetarla, conocerla, asumirla, vivirla y desarrollarla en nuestro diario existir.

Con profundo dolor constatamos cómo millones de compatriotas parten en busca de oportunidades y mejores niveles de vida que no encuentran en nuestra nación.

Defenderemos, por todos los medios y en todas las instancias bilaterales y multilaterales, sus derechos como personas y trabajadores. Mantendremos estos mismos principios para enfrentar y resolver la migración hacia nuestro territorio.

La Confederación pondrá especial atención en enfrentar los efectos de la desigualdad en los sectores más vulnerables y marginados.La población que se encuentra disminuida en cualquiera de sus capacidades debe ser objeto de programas permanentes y eficientes que les permitan su incorporación económica y social plena.

La defensa de los pensionados y jubilados, para que vivan sin zozobra, además de elemental justicia, es una lucha que a todos compete y debemos prever su magnitud creciente.

Los recortes al gasto social y a la seguridad social son una constante a escala mundial, que atenta contra los intereses populares. Los gobiernos no deben olvidar sus obligaciones sociales y pretender que sean los mismos trabajadores quienes vean por su propia jubilación, cuando sus percepciones apenas les permiten sobrevivir y poco o nada pueden ahorrar, o que los enfermos enfrenten sistemas de salud privados y que las familias sufraguen una educación de calidad en instituciones privadas o paguen guarderías, por citar algunos rubros.

Los fondos de retiro únicamente deben estar al servicio de los propios trabajadores y de los grandes proyectos nacionales. No permitiremos que se conciban y utilicen como si fueran gigantescas bolsas financieras para que intereses particulares generen más negocios enteramente privados.

Los mexicanos no podemos aceptar que el ahorro interno y las políticas de crédito sean manejadas para fines distintos al de nuestro propio desarrollo independiente. Será una lucha permanente de la Confederación que los mexicanos invirtamos y reinvirtamos en fondos que promuevan el desarrollo de áreas y empresas estratégicas.

La niñez y la juventud son la reserva humana portadora de nuestro futuro. De la calidad de su alimentación, desarrollo físico, condiciones de vida, educación, formación y valores depende que México sea siendo lo que es y lo sea cada vez mejor.

La educación debe ser la palanca fundamental para fortalecer la conciencia nacional y la capacidad de emplear el desarrollo para elevar el nivel de vida material y espiritual de la población, así como para generar bienes y servicios de calidad e insertarnos como actores importantes en las grandes corrientes de la economía mundial.

La educación y la preparación técnica y científica nacional deben orientarse conforme al Artículo Tercero de la Constitución, nutriéndose de los avances más relevantes que nos ofrece la comunidad mundial y logrando la correspondencia entre lo que se estudia y lo que se requiere y demanda efectivamente en la vida socioeconómica nacional e internacional.

Postulamos que la equidad de género, entendida como igualdad de oportunidades en igualdad de circunstancias, es para que mujeres y hombres tengan jurídica, económica, social y laboralmente las mismas posibilidades de desarrollo, sin menoscabo de las características, necesidades y diferencias propias.


II. NUESTROS PRINCIPIOS Y COMPROMISOS CON LA SOBERANIA, LA DEMOCRACIA Y LA JUSTICIA SOCIAL.

Naturaleza y carácter de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares.

Con base en nuestros principios ideológicos, concebimos a la Confederación como una gran alianza política y social.

Planteamos, en primer lugar, una alianza histórica esencial entre la Confederación Nacional de Organizaciones Populares y el Partido Revolucionario Institucional, basada en la defensa de los principios que dan carácter vanguardista y progresista al Partido.

Esta alianza es hoy un instrumento estratégico para recuperar espacios políticos y para conservar los que mantenemos, entendiendo que sin el poder político –entendido siempre como medio, no como fin- no es posible el cumplimiento de nuestras aspiraciones y programas de trabajo.

El Partido Revolucionario Institucional desde su fundación ha pugnado y sigue pugnando por generar las condiciones necesarias para el desarrollo integral de la sociedad mexicana. Sin embargo, al día de hoy el pueblo de México sigue demandando mejores condiciones de vida.

La justicia social es un reclamo de la sociedad menos favorecida con el desarrollo económico, pero también es una deuda histórica con las grandes mayorías del país. No cejaremos en el propósito de contribuir, desde nuestra propia renovación, en la renovación del Partido, asegurando que esté a la altura de los cambios y transformaciones que atraviesa México de cara al siglo XXI.

La búsqueda del poder por el poder mismo es sinónimo de soberbia, que envilece y corrompe a las organizaciones. Por ello estaremos atentos en los procesos de competencia electoral para que los candidatos y representantes populares que surjan de nuestras filas se apeguen estrictamente a representar los intereses por los cuales fueron votados.

Una de las formas de alcanzar esos anhelos, vigorizando estructuralmente a nuestro Partido, es construyendo una gran alianza ciudadana para un México mejor, a través de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares.

Una gran alianza ciudadana para un México mejor significa, entre otros aspectos:

  • Reconocer y admirar las fortalezas del pueblo mexicano.
  • Compartir el hondo sentimiento humano que expresa el pueblo de México a través de la solidaridad.
  • Asumir la deuda que se tiene con los grupos marginados del país.
  • Poner realmente la política al servicio de la sociedad mexicana.
  • Establecer bases estructurales para permitir que la justicia social llegue a todos los niveles.
  • Mantener una consulta permanente entre los ciudadanos para conocer sus demandas y necesidades.
  • Saber escuchar y dar respuesta a las quejas ciudadanas.
  • Saber reconocer las cualidades de los líderes naturales.
  • Establecer permanentemente puentes de comunicación entre el Partido y la sociedad a través de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares.
  • Iniciar un proceso de penetración y trabajo directo con las diferentes organizaciones de la sociedad civil.
  • Incorporar un Código de Ética que regule el comportamiento público y privado de los militantes y simpatizantes de la Confederación.
  • Acotar el poder político al marco de la Ley.
  • Respetar la pluralidad política e ideológica.

Sobre estas bases, la Confederación trabajará para consolidarse como la columna vertebral de la alianza entre las clases medias, los grupos urbanos y los sectores populares con el Partido Revolucionario Institucional.

Esta alianza podemos entenderla en dos vertientes:

Primera, como alianza entre la Confederación y el Partido, desde la óptica de que el Sector Popular, además de tener una organización nacional, es el interlocutor y puente más sólido entre las clases medias, los grupos populares y los sectores urbanos con el Partido.

Segunda, como alianza entre la sociedad y la Confederación, pues diferenciarnos de otras ofertas políticas no es un obstáculo para considerar cuidadosamente llevar a cabo acciones conjuntas con organizaciones y expresiones sociales de todo tipo afines en ideología, metas y proyectos.

La Confederación Nacional de Organizaciones Populares entiende claramente que para renovarse debe reconocer de manera clara y honesta los errores del pasado, retomar y actualizar sus principios y proyectar una imagen moderna ante el pueblo de México.

En la coyuntura política actual, se hace indispensable pensar en las necesidades del país y pensar en estrategias reales, no solo enunciativas; pensar, además, que las grandes mayorías requieren de niveles dignos de vida y que el discurso que derive de la Declaración de Principios de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares refleje fielmente el sentir de nuestra militancia a lo largo y ancho del país.

Consideramos que este proceso de renovación debe enfatizar en diez grandes principios, cuya concreción en la sociedad y la política nacionales son la razón de ser de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares:


1. Defensa de la soberanía nacional.

La constante que ha marcado nuestra historia nacional ha sido la defensa de la soberanía.

Esta lucha es aún más necesaria en un mundo en constante evolución, donde lo que se ha pretendido sin ningún sustento ha sido borrar las fronteras como una simple condición de mercado o por definiciones de seguridad en donde lo que cuenta no es el Derecho, sino la fuerza.

Frente a esta situación, es imperativo de todo ciudadano tener muy claro lo que la soberanía nacional significa.

Para nosotros, soberanía nacional es oponernos a todo aquello que intente vulnerar nuestro territorio, nuestra población, nuestra identidad nacional y nuestros recursos, tanto económicos como naturales.


2. Defensa de la democracia y sus valores.

Por democracia entendemos no solamente el acto libre y soberano de elegir a nuestros gobernantes, sino la más amplia participación ciudadana en el ámbito de lo económico, lo político y lo social, junto con la equidad en todos los derechos consagrados en la Constitución.

Entre éstos, en particular, la Confederación está comprometida con las garantías individuales y los derechos humanos, por cuyo cabal respeto pugnará, evitando a toda costa cualquier forma de abuso del poder que ponga en riesgo la dignidad e integridad de cualquier ciudadano. El respeto a los derechos humanos es la base del respeto al Estado de Derecho.

Promovemos en especial los derechos de la mujer, subrayando la importancia de su participación en todos los órdenes de la vía pública. La mujer cenopista debe hacerse presente en los puestos de representación política y en la Administración Pública.

Para preservar y asegurar un mejor futuro para los jóvenes, se promoverá de modo sistemático la formación de cuadros juveniles que inyecten mayor vitalidad a la Confederación.

Sostenemos que la participación ciudadana es fundamental para construir un país más democrático, ya que a través de ella se construirán consensos y se evitarán abusos por parte de los gobernantes.

El poder político debe ser limitado mediante la participación activa y responsable de los militantes, y al mismo tiempo estar acotado por el marco constitucional y de la propia Ley.

Consecuencia clara de todo lo anterior es el compromiso básico de respeto a la militancia. Nuestro militante debe contar con una ética que garantice su actuación ejemplar en todos los ámbitos en que se desarrolla. Igualmente, su permanente capacitación es un rubro indispensable.


3. Combate a la pobreza para la justicia social.

La sociedad mexicana se sigue transformando rápidamente de una sociedad rural a una sociedad urbana, lo que ha traído como consecuencia el aumento de los cinturones de miseria en nuestras ciudades.

No basta con reconocer cuántos millones de pobres existen en México, ni tampoco simular combatir la pobreza con programas asistencialistas de coyuntura.

El problema requiere de una articulación de políticas públicas de fondo cuyo objetivo en primera instancia propicie una mejor distribución de la riqueza.

Para ello, hay que oponerse a la acumulación de la riqueza en pocas manos, a los monopolios y a la tiranía insensible del mercado, desterrando políticas individualistas centradas en el solo afán de lucro y defendiendo el sistema de economía mixta bajo la rectoría del Estado.

Hay también que anteponer los fines de la sociedad al afán inmoderado de beneficios personales, mediante mecanismos de redistribución de la riqueza, pugnando por la regulación de la especulación financiera y oponiéndose de manera frontal a todas aquellas políticas que de un modo u otro lesionen la economía de la sociedad mexicana.

El objetivo es abatir los niveles de pobreza y de marginación, promoviendo rangos más altos de bienestar popular que se reflejen en la vivienda, la salud, el empleo y el medio ambiente.


4. Combate a la inseguridad pública para la libertad.

Los problemas de la inseguridad crecen en proporción con el grado de urbanización que alcanza cada sociedad.

Uno de los grandes problemas de las sociedades modernas y muy en especial de la sociedad mexicana es la inseguridad creciente. En estos tiempos la protección de la integridad física y moral de las personas, así como de sus propiedades, es una exigencia que no admite demora.

La Confederación exigirá a las autoridades soluciones que, además de propugnar por medidas persecutorias y de enjuiciamiento de los transgresores de la ley, contemple paralelamente un programa de prevención del delito que permita resolver las causas de fondo que llevan a los individuos a delinquir.

Se pronuncia además de manera categórica en favor de un programa que analice y evalúe la responsabilidad que tienen todos los agentes sociales en dicha problemática. En dicho programa, se debe abordar, en forma muy especial, la responsabilidad de algunos medios masivos de comunicación en la difusión y proliferación de vicios y adicciones y en la exaltación de modelos de conducta negativos.

En este marco, exigimos castigos ejemplares para delitos como el narcotráfico, la prostitución infantil, la violación y los secuestros.

Exigimos también una reforma profunda de las corporaciones policiales y de los órganos de procuración de justicia.

Consideramos al fortalecimiento del Poder Judicial, tanto en el ámbito federal como en el local, como un elemento indispensable para asegurar el imperio del Derecho y un efectivo combate a la inseguridad y la impunidad.


5. Impulso a la educación como base del progreso y la justicia social.

Las clases medias, los grupos populares y los sectores urbanos de México demandan cada día más y mejores niveles de educación.

Creemos que el único medio capaz de generar riqueza tanto moral como económica para el individuo y para su sociedad es la educación, pues de ella se derivan las soluciones a los grandes problemas que hoy confronta la sociedad mexicana.

La Confederación Nacional de Organizaciones Populares se manifiesta de manera explícita en favor del fortalecimiento de la educación pública, laica y gratuita, oponiéndose a cualquier intento de vulnerarla.

Defendemos igualmente a la universidad pública y a todas las instituciones públicas de educación superior, por cuya consolidación pugnamos.

Debe hacerse de la enseñanza de la Historia de México y de los valores cívicos un baluarte en la defensa de la República.

La Confederación seguirá luchando para que el Estado mexicano incluya en el ámbito de la obligatoriedad de la enseñanza pública el acceso a la educación preescolar completa.

Entendemos a la cultura es como un aspecto fundamental para el desarrollo armónico de los mexicanos, que exige garantizar los espacios y los recursos necesarios para su crecimiento.

La recreación posibilita la integración familiar y social de todos los miembros de la comunidad, por lo que la Confederación promoverá que en los tres niveles de gobierno se garantice plenamente este derecho, construyendo para tal efecto áreas verdes al igual que parques y jardines, así como centros deportivos.


6. Sano desarrollo económico para la igualdad de oportunidades.

En un mundo globalizado como el que hoy vivimos, el intenso intercambio de bienes y servicios a nivel mundial ha incidido en la dinámica y orientación de la economía nacional, afectando sobre todo a las clases medias urbanas.

Consideramos que los flujos de inversiones hacia nuestro país deben reflejarse en el nivel de vida de las familias y en la capacitación que les permita a los ciudadanos mejores niveles de competitividad.

Un adecuado equilibrio entre las exigencias del mercado externo y el desarrollo y fortalecimiento del mercado interno es inaplazable.

Esto exige avanzar en mejores sistemas de capacitación en y para el trabajo.

Exige igualmente impulsar y promover la cultura de la calidad total en todos los ámbitos de la producción y los servicios.

Por otra parte, se hace indispensable adicionar a nuestro sistema educativo nacional con nuevas herramientas que permitan el desarrollo integral del individuo a través del manejo de tecnologías computacionales y el dominio de lenguas extranjeras.

Sobre estas bases, habrá de promoverse el desarrollo de las pequeñas y medianas empresas, del cooperativismo, las oportunidades de empleo, el más amplio acceso a créditos y la promoción a las actividades agropecuarias, buscando como objetivo fundamental el desarrollo sustentable de México.



7. Federalismo para la equidad en la distribución de los recursos públicos.

El federalismo es un concepto que debe dejar de ser sólo un mero referente del discurso para dar pie a un proceso real de transformación en el desarrollo equitativo y equilibrado del país, desterrando para siempre la sombra del centralismo y la verticalidad en la toma de decisiones.

La Confederación promoverá mediante una amplia consulta nacional la modernización del sistema hacendario de México y la revisión y fortalecimiento de las facultades del propio Poder Ejecutivo Federal, de los Estados y el Distrito Federal, así como de los municipios, para que exista una verdadera coordinación de los tres niveles de gobierno, haciendo del federalismo fiscal un motor de desarrollo regional.


8. Defensa de los mexicanos en el extranjero.

La Confederación está comprometida a proteger a nuestros migrantes a través de políticas que atiendan sus problemas y que garanticen el respeto a sus derechos mediante acuerdos con las instituciones correspondientes.


9. Combate a la discriminación de cualquier tipo.

Como sociedad no aceptamos el hecho de que aún exista algún tipo de discriminación.

Por ello, la Confederación ratifica su compromiso con la equidad de género y el apoyo irrestricto a los adultos en plenitud, las personas con discapacidad, los grupos étnicos y la pluralidad cultural.

Asimismo nos pronunciamos a favor del pleno respeto a los derechos de los niños y de los jóvenes, así como en contra de cualquier intento de vulnerar su desarrollo físico y mental.


10. La revaloración de la política como actividad con sentido ético y de servicio a la sociedad.

Como organización conformada por hombres y mujeres libres, el comportamiento ético y la honorabilidad que guían a los militantes de la Confederación en la actividad política y social serán plenamente consecuentes, observando y promoviendo la plena congruencia entre el discurso y la acción, entre la ideología y la práctica, entre los principios y los fines.

Conforme a las disposiciones de la Convocatoria, el Reglamento y el Reglamento de Debates de la Asamblea Nacional Extraordinaria, este Dictamen de Declaración de Principios fue aprobado con el carácter de Resolución de la misma por los Delegados integrantes de la Mesa Temática de Declaración de Principios y el Pleno de Conclusiones el día diecinueve de noviembre de dos mil dos, haciéndose constar lo anterior para los efectos correspondientes.

POR LA MESA DIRECTIVA DE LA MESA TEMÁTICA DE DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS DE LA ASAMBLEA NACIONAL EXTRAORDINARIA: EL PRESIDENTE, LIC. MARIANO PALACIOS ALCOCER. EL SECRETARIO TÉCNICO, EN FUNCIONES DE RELATOR, LIC. JULIO CÉSAR CORDOVA. – POR LA MESA DIRECTIVA DE LA ASAMBLEA NACIONAL EXTRAORDINARIA: EL PRESIDENTE, LIC. MANLIO FABIO BELTRONES RIVERA. EL SECRETARIO, LIC. HÉCTOR YUNES LANDA.

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