¿DE REGRESO? Aguilar camín.

¿De regreso?

M

e piden que escriba un texto sobre el

PRI que veo, el PRI que las encuestas

ven con posibilidades de ganar la

mayoría de la Cámara de Diputados

en las elecciones de 2009 y las elecciones

presidenciales de 2012.

La condición universalmente aceptada en ambos

casos es que los priístas no se peleen, como se pelearon

en el 2000. Viejos y nuevos observadores reputan

imposible que el pleito no se produzca. Otros afirman

que el PRI aprendió la lección e irá por la unidad que le

conviene, no por la discordia que augura la diversidad

de su liderato.

Lo cierto es que el PRI ha remontado en estos

años la opinión adversa de la ciudadanía, pasando de

ser el partido con mayores opiniones negativas al partido

con menor rechazo. En el promedio de las encuestas

nacionales, en el año 2000 el PRI llegó a tener

80 años del

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examen 37

un rechazo de 41%. En diciembre del año pasado la

cifra era sólo de 25%, dos puntos menos que el PAN,

que se había mantenido en 27% y veintidós puntos

abajo del PRD, que había pasado de 33% en 2000 al

47% en 2008. (Las cifras pueden consultarse en Nexos

núm. 373, Enero, 2008. Sección Numeralia, p. 104.)

Es un repunte que habrán logrado en ese tiempo

pocos partidos políticos del mundo, asunto que merece

explicación de los especialistas y atención del público.

Yo no tengo una explicación, pero decir que las

ganancias recientes del PRI son sólo el reverso de los

errores de sus adversarios, en particular del gobierno y

del PRD, es un tanto mezquino y, además, inexacto.

Algo ha hecho bien el PRI en estos años. Ese algo,

creo, no es del todo visible si se mantiene la mirada

en el ámbito nacional. Ese algo tiene que ver con la

administración política de los espacios locales, con

la autonomía ganada por los gobernadores y el rápido

aprendizaje de los secretos y los instrumentos de

la contienda electoral. No tiene que ver con las ideas

ni con el proyecto, sino con el

ejercicio micro de la política, en

un contexto de gran libertad de

los poderes locales respecto del

centro y de la aceptación de que

el triunfo democrático se alcanza

más fácilmente con candidatos

de calidad que con la antigua

disciplina de lealtades personales

o de grupo.

Nunca fui de los que pensaron que el PRI era

un dinosaurio en vías de extinción, entre otras cosas,

porque no creo en las fatalidades ni en los cambios

súbitos de la historia. El PRI es parte constitutiva de

la cultura política del país, por algunos años fue casi

su único horizonte. Las formaciones seculares de ese

tipo no se desploman de un día para otro, de una

elección para otra, de un momento estelar o catastrófico

de la historia al momento siguiente. Creo que

la historia es fundamentalmente una acumulación

lenta, que de pronto salta y exhibe sus cambios. El

camino a la derrota del PRI en el año 2000 fue una

acumulación de pérdidas sucesivas desde los años

ochenta. Las elecciones del año 2000 tampoco fueron

una derrota total para el PRI. Le arrebataron completa

la Presidencia, pero no el poder.

La pregunta fundamental para los ciudadanos y

para el futuro político del país es si el PRI que regresa ha

cambiado y en qué, si puede esperarse de su recuperación

un horizonte de efectiva novedad política y democrática.

No es el lugar para abundar en los rasgos indeseables

de la vieja cultura priísta. Con el tiempo, los

resumo en uno: haber construido su hegemonía sobre

la negociación pragmática, en vez de sobre el cumplimiento

de reglas parejas para todos. La negociación

discrecional y el desprecio de la ley, la creación

arbitraria de distintas reglas y varas de medir, es el origen

de casi todos los vicios del viejo PRI, muchos de

los cuales perduran en el que se apresta a recobrar la

mayoría y en el conjunto de la política mexicana, rica

en practicantes no priístas de la vieja cultura del PRI.

No hay grandes cambios en el discurso priísta, ni

indicios públicos de una reflexión articulada sobre los

retos del futuro. Hay, sin embargo, un cambio profundo

en la estructura misma del poder del partido.

La democracia ha descentralizado al PRI. Al quitarle

la Presidencia le quitó el dueño, pero dejó intactos

muchos de los poderes antes piramidados por la

disciplina presidencialista.

La autonomía y la diversidad de los poderes que

conviven en el PRI son ostensibles. Hay una libertad

de maniobra y de acción desconocida en el pasado

para gobernadores, sindicatos, legisladores.

En cierto modo el PRI

ha vuelto a ser una asamblea de

notables con poder propio, como

lo fue la asamblea de jefes militares,

generales y políticos que constituyó

el PNR en 1929.

Toda proporción guardada

entonces para controlar las balas,

ahora para conseguir los votos, el

PRI ha regresado al inicio: debe conciliar su diversidad

en un nuevo trato. No creo haber oído una palabra de

lo que sería ese nuevo trato, ni de si mira y responde

con claridad a los problemas del México de este siglo.

Sería una desgracia nacional y una derrota del

PRI que el éxito político en puerta, de lograrse, les

susurrara al oído a los triunfadores que nada hay que

cambiar en sus ideas ni en sus propósitos históricos;

pensar que el público pudiera estarles premiando su

pasado más que prestándoles, a cuenta, un boleto de

entrada al porvenir.

¿Para qué quieren los priístas volver al poder?

¿Qué país ven adelante y cuál quieren construir? No lo

sabemos, ni los priístas parecen preocupados por decirlo.

Quieren primero quedarse con la casa que otros

cuidan mal y después decidir lo que harán con ella…

Por eso es que sus ingenieros electorales trabajan más

y mejor que sus proyectistas del cambio que necesita el

país. Acaso porque parte central del cambio que necesita

el país empieza por el cambio de visión y proyecto

del PRI.

a

Escritor y periodista

El PRI es parte constitutiva

de la cultura política

del país, por algunos

años fue casi su único

horizonte

Héctor Aguilar Camín

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38

examen

Vivir

con el país

El 1 de diciembre de 1946 -¿fue domingo?-,

mis padres dejaron muy temprano la casa.

“Vamos a comprar un comedor” -dijo doña

Eloísa, mi madre. “No le abras la puerta a

nadie” -recomendó.

Mi padre se puso su cachucha. No una de beisbolista

como se estila hoy. Como la que usaban los gachupines

que conocíamos. Igual a las de los torerillos.

Prendí la radio. Un “Bucklin” misterioso; atrayente.

Emocionaba “prenderlo”. Y mirarlo por detrás.

Olerlo. Los filamentos de los bulbos se encendían hasta

adquirir un tono naranja. Botón de encendido y

volumen. Y el otro para localizar la estación. En ese

viaje, ruidos. Como piar de pájaros. Como grititos interrumpidos.

Y la aguja que viajaba por el cuadrante.

“¿Qué estación escuchan? -indagó un preguntón

un día de aquellos tiempos.

“No tenemos radio -respondió mi madre.

Ante mi azoro me explicó:

“Si se trata de un ratero sabrá que al menos aquí hay

una radio. No olvides: en la desconfianza vive la seguridad”.

Se transmitía la ceremonia de la Sucesión Presidencial.

Concluía el tiempo del general Manuel Ávila

Camacho. Comenzaba el de don Miguel Alemán.

Era un niño de 6 años. Estudiaba el primero de

primaria. Leía de corrido. Recitaba muy bien. Por la

gana de mi madre. Tiempo de “Silabario de San Miguel”.

Aprendí: “El Renacuajo Paseador”. Me asomaba

a “El Príncipe Feliz” de Óscar Wilde. Y me esperaba

John Silver en “La Isla del Tesoro”.

“¿Quieres pan? ¡Vota por Alemán!

“¿Quieres tortilla? ¡Vota por Padilla!

Eso escuchábamos los niños del 46. En ese año

don Rubén Bucio, nuestro vecino del 8, se fue de “bracero”.

Regresó con una chamarra “borrega”. Miguel, su

hijo mayor, se fue al seminario. Jesús Rivera Cortés

-Chuchín- platicaba que tenía un pariente en el Escuadrón

201. “Se fue a la guerra a Manila”, presumía.

Con el oído pegado al “Bucklin” me enteré de que

teníamos un nuevo Presidente. Así que cuando con varios

cargadores y mesa y sillas regresaron mis padres,

cuando por una rendija de la puerta supe que eran

ellos abrí la puerta y sin más solté:

“Papá… mamá… ¡Alemán ya es el Presidente!

“¿Alemán? ¿Acaso es tu hermano? -plantó mi

mamá. ¿Alemán, tu igual? ¡No seas igualado, hijo! Se

trata del Presidente de la República. De don Miguel Alemán

Valdés. Del licenciado Miguel Alemán. De don Miguel

Alemán Valdés.Ese hombre merece todo respeto.

A no ser igualado. Ni irrespetuoso me enseñó ese

día doña Eloísa.

Una ojeada a los periódicos mostraba caricaturas

del Presidente Miguel Alemán. Bailaba “La Bamba”.

Sonreía. Mostraba una pareja, perfecta dentadura.

“El Sonrisas”. “El Sonrisas Colgate”, lo motejaban.

Y en el mostrador de la farmacia se decía:

“Alemán robó pero dejó robar…

“En tiempo de Alemán corrió el dinero…

“Alemán fue muy amigo de sus amigos…”

Y en 1952, cuando entramos a la Secundaria 15,

la “Albert Einstein”, ya estaba la campaña por la Presidencia

de la República. Con don Adolfo Ruiz Cortines,

candidato del PRI. El general Miguel Henríquez Guzmán,

por la Federación de Partidos del Pueblo Mexicano.

Efraín González Luna, por el PAN. Y Vicente

Lombardo Toledano, por el Partido Popular.

“Lombardo tiene decenas de trajes idénticos” -decían-.

Para que lo vean siempre igual”.

Jesús Talayero, un niño pelirrojo al que mimaba

la “teacher” Arteaga -mamá del priísta Luis Antonio-.

Se daba “taco”: “A la fotografía de mi papá fueron varios

políticos. Ruiz Cortines antes que los demás”.

Nunca supe dónde quedaba la fotografía del señor

Talayero.

Veíamos carteles que acusaban a don Adolfo Ruiz

Cortines de traidor a la patria. Que había favorecido la

invasión norteamericana del año 1914 a Veracruz. Y

nos presentamos en el PRI de Ribera de San Cosme y

Ramón Guzmán.

“Les regalarán un ejemplar de la Constitución”.

La colonia Anáhuac era feudo de locutores. Decimosexto

distrito. Luis M. Farías, Rubén Marín y Kall,

Luis Ignacio Santibáñez. De los micrófonos de XEW.

Años más tarde acompañé a Rodolfo Echeverría Ruiz

por el barrio de los “Siete Compadres”. Por Laguna de

Términos. Por los rumbos que una elefanta enloquecida

recorrió furiosa antes de que una bala le quitara la

vida en el Callejón de la Luz.

En Lago Chapala, el Partido Popular abrió una

casa de la cultura. “Son comunistas” -dijeron, amedrentaron

los curas salesianos. Los de la Iglesia de María

Auxiliadora. “No va

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